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lunes, 15 de febrero de 2010

Tia Chofi

Escuche este poema y lo sentí tanto, y dije que grande eres Sabines,, con palabras puedes hacer nudos en la garganta, e incluso provocar lágrimas, este poema es para mi uno de los mas preciosos que he escuchado, de forma tan sencilla explica el amor con la historia de la Tía Chofi, la tristeza que hay envuelta en la muerte, la frialdad que nos espera, y la esperanza que nos da el creer en un Dios, la belleza de lo sencillo, todos tenemos una historia así, que nuestra vida por si misma hace un poema, un regalo para el universo, una virtud de la existencia, Dios guarde a la tía Chofi, y al buen Sabines que tanto nos ha hecho sentir...


Tia Chofi

Amanecí triste el día de tu muerte, tía Chofi,
pero esa tarde me fui al cine e hice el amor.
Yo no sabía que a cien leguas de aquí estabas muerta
con tus setenta años de virgen definitiva,
tendida sobre un catre, estúpidamente muerta.
Hiciste bien en morirte, tía Chofi,
porque no hacías nada, porque nadie te hacía caso,
porque desde que murió abuelita, a quien te consagraste,
ya no tenías qué hacer y a leguas se miraba
que querías morirte y te aguantabas.
¡Hiciste bien!
Yo no quiero elogiarte como acostumbran los arrepentidos,
porque te quise a tu hora, en el lugar preciso,
y harto sé lo que fuiste, tan corriente, tan simple,
pero me he puesto a llorar como una niña porque te moriste.
¡Te siento tan desamparada,
tan sola, sin nadie que te ayude a pasar la esquina,
sin quien te dé un pan!
Me aflige pensar que estás bajo la tierra
tan fría de Berriozábal,
sola, sola, terriblemente sola,
como para morirse llorando.
Ya sé que es tonto eso, que estás muerta,
que más vale callar,
¿pero qué quieres que haga
si me conmueves más que el presentimiento de tu muerte?

Ah, jorobada, tía Chofi,
me gustaría que cantaras
o que contaras el cuento de tus enamorados.
Los campesinos que te enterraron sólo tenían
tragos y cigarros,
y yo no tengo más.
Ha de haberse hecho el cielo ahora con tu muerte,
y un Dios justo y benigno ha de haberte escogido.
Nunca ha sido tan real eso en lo que tu creíste.
Tan miserable fuiste que te pasaste dando tu vida
a todos. Pedías para dar, desvalida.
Y no tenías el gesto agrio de las solteronas
porque tu virginidad fue como una preñez de muchos hijos.
En el medio justo de dos o tres ideas que llenaron tu vida
te repetías incansablemente
y eras la misma cosa siempre.
Fácil, como las flores del campo
con que las vecinas regaron tu ataúd,
nunca has estado tan bien como en ese abandono de la muerte.

Sofía, virgen, antigua, consagrada,
debieron enterrarte de blanco
en tus nupcias definitivas.
Tú que no conociste caricia de hombre
y que desjaste que llegaran a tu rostro arrugas antes que besos,
tú, casta, limpia, sellada,
debiste llevar azahares tu último día.
Exijo que los ángeles te tomen
y te conduzcan a la morada de los limpios.
Sofía virgen, vaso transparente, cáliz,
que la muerte recoja tu cabeza blandamente
y que cierre tus ojos con cuidados de madre
mientras entona cantos interminables.
Vas a ser olvidada de todos
como los lirios del campo,
como las estrellas solitarias;
pero en las mañanas, en la respiración del buey,
en el temblor de las plantas,
en la mansedumbre de los arroyos,
en la nostalgia de las ciudades,
serás como la niebla intocable, hálito de Dios que despierta.

Sofía virgen, desposada en un cementerio de provincia,
con una cruz pequeña sobre tu tierra,
estás bien allí, bajo los pájaros del monte,
y bajo la yerba, que te hace una cortina para mirar al mundo.

Jaime Sabines

Vas a ser olvidada de todos como los lirios del campo como las estrellas solitarias...

La tía Chofi me parece sombra, máscara, veladura del temperamento, complejidad. En una palabra, desnudez ardiente, ley esplendorosa de verdad. La Tía Chofi hablaba por la voz y la palabra de Jaime Sabines. La Tía Chofi enloqueció a los aficionados a la poesía, este sábado pasado en el Palacio de las Bellas Artes, en inolvidable recital de versos del sobrino. El poeta descorrió la sombra, el velo, la venda, que sólo están en nuestra ceguera, en nuestra mirada turbia y rastrera; familiarizada con todas las rutinas, con todos los prejuicios, con la mentira en que envolvemos nuestra propia vida y con el concepto que tenemos del mundo y la socialización.

La Tía Chofi, a quien prefiero sobre la Tía Rosa, es luz sobrehumana ­verbo y luz de verdad­ que nos ciega como el sol cuando lo miramos. Los demás, que no son sino pobres sombras humanas, los podríamos ir descubriendo en las tinieblas ­a que pronto se habitúa la mirada­, si antes no nos las descubriera plenamente la luminosa palabra de la Tía Chofi, bajo el influjo del ritmo de Jaime, el sobrino, por el cual habla cada vez diferente; más amorosa, como los amorosos, los morosos, los que esperan, lo que buscan...

Siento especial atracción por la Tía Chofi ­la tía que llevo dentro­ que destaca en el amplio repertorio de Jaime Sabines, por una rara, sencilla, manera de amar sin encontrar. Vida que es aliento, risa, sufrimiento y amor escondido, virginidad de muchos hijos, ``que no conoció caricia de hombre y dejó que llegaran a su rostro, arrugas antes que besos; casta, limpia, sellada...". La clara sencillez de sus versos, la difícil facilidad con que Jaime Sabines crea, en apariencia al menos, no le impide poner en su lenguaje en pocas líneas un personaje, un ser, un carácter de la trascendencia de la Tía Chofi. Maciza creación humana, tocada de singularidades que le erigen en criatura de excepción en la misma forma que el afortunado sobrino, la asimila, la trasmite, le pone música y se consagra popularmente.

La Tía Chofi, vida destrozada, se integra a la pluma de Sabines. Mujer que, de haber sido dichosa, de no haber sufrido la conmoción que tronchó sus fantasías juveniles, no habría llegado nunca a ser la Tía Chofi, mofa y escarnio de la incomprensión humana, y en la poesía, magnífica creación ejemplar.

La Tía Chofi se volvió verbo de justicia y verdad en el mundillo provinciano, y luego en la ciudad. Más esta significación no se le infundió ingénitamente por la voluntad de los dioses, sino que, en cierto modo es obra suya, al hacer del culto a sus obsesiones su verdadera religión, norma de su vida, en franca colaboración con el dolor y el desengaño, como bien capta el poeta, nuestro poeta, voz del pueblo, Jaime Sabines.

"La vida es el pasado de la muerte"

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